Americana / Minerva

Esa afrancesada retícula de vialidades amplias, calles arboladas y construcciones en su mayoría de carácter residencial, orgullo de la Escuela Tapatía de Arquitectura es hoy un laberinto en el que uno se pierde con facilidad.
Un espacio en donde se pierden las diferencias entre “casa” y “ciudad,” en donde los amigos son vigilantes y los vigilantes son familia, en donde se trabaja dónde se come y se come con los que no se conoce, en donde se comparten bocados, autos, lugares y tiempo extraviado que se encuentra muchas veces sin querer.
A la Americana uno regresa sin darse cuenta, hay que caminarla para no obviarla, perderse sólo y regresar en equipo. Pues hay batallas que librar contra villanos de quince pisos que albergan barbecue y alitas a sus espaldas.
No es poca cosa, hay que contrapuntear, alimentarla como ella lo hace, regresarle todo. Tenemos equipo, hay familia. Desde la Minerva nos unimos todos, en Hueso, en Anita Li, en Trasfonda, con Ruano, con Evia, en Mercado México o en Casa Fayette.
No paramos, el laberinto crece, la Minerva y la Americana se unen, hay que juntarse para comer y seguir, porque el estómago — como pocas cosas — está al centro y siempre va antes que el corazón.

Octubre 2017
Javier Herrera