Casa Fayette: Olvidar, Recordando

“Son las recetas de mi vida” es la frase que hace un par de años Trevor La Presle usó para definir el menú que recién presentaba para Casa Fayette: “No es un concepto, es una colección de experiencias personales, una combinación de vivencias y descubrimientos”.

Contra tremendas palabras a uno le queda poco o nada que decir. Hay muy pocos lugares dentro de la ciudad que están hechos para respirar, Casa Fayette sin duda es uno de ellos. No importa la hora, cada rincón está hecho para algo: respirar, olvidar, recordar es lo más común aquí.

Hay nostalgia porque hay vida, Leobardo Solano es un gran chef, pero es mejor persona, varios años trabajando con Enrique Olvera en el Cosme de Nueva York no lograron hacer que olvidara que aunque su vida está en la cocina, su corazón está en Puebla, con su madre, con quien hace tortillas en cada visita.

Un pulpo a la plancha con toques de chimichurri, puttanesca, papas cambray y puré de chícharo es la primera pieza de Leobardo en la mesa. Mar fresco y crujiente, sabores profundos y sin discusión entre ellos, un obligado.

Para Leobardo siempre hay más, todos los días trabaja junto con su joven equipo de cocina en hacer sentir a las personas algo diferente cada que un platillo sale de su cocina: el esfuerzo se nota en todo. Un chamorro al pastor sobre una rebanada de piña asada, cebolla cambray y gotas de su misma salsa, es su forma de recordarnos que somos más que lo que puede limitar cualquier frontera.

En Casa Fayette se come y se respira lo que somos, un menú de vivencias y descubrimientos, ingredientes que, como nosotros, cambian y se olvidan solo para poder ser recordados.