Cómo dejé de amar la moda.

Una narración personal de cómo todo se fue al carajo.

Hola Moda Nacional,

¿Cómo estás? espero que todo bien, no creo que te acuerdes muy bien de mí ya que mi apellido no es Galindo ni Fusoni ni nada por el estilo; es más, ni siquiera trabajo en Colours y la verdad no se me antoja, salvo un par de cosas que hacen con el Mutek, el resto de lo que hacen me da igual. Y para hacerlo todo más difícil, soy moreno, no soy gay y me gusta el basket y eso parece no tener nada que ver contigo, así que supongo que va a ser muy difícil que te acuerdes de mí.
Sin embargo quería escribirte esto desde semanas atrás, pero supuse que estabas muy ocupada con lo del Fashion Week y todo ese ajetreo, así que preferí esperar.
Creo que ambos sabemos que lo nuestro no va bien, no quiero sonar como un psicópata que en los últimos años te ha estado siguiendo a todos lados, pero sí. No sé, creo que últimamente peleamos mucho y la verdad es que cada vez te entiendo menos. Nos hemos alejado demasiado y eso no es un buen síntoma.
Sé que en este tipo de situaciones no es bueno recordar, pero a veces me resulta imposible olvidar la cantidad de cosas buenas que pasamos juntos y el cómo de alguna manera todo se fue al carajo.
Aunque no lo creas, nos conocimos cuando yo aún estaba en la universidad y aunque desde años atrás fantaseaba contigo viendo “FTV”, mi cabeza y corazón estaban en otro lado y la verdad es que de no ser por ese par de cursos de textiles y accesorios nunca te hubiera conocido.
Aún recuerdo la primera vez que estuvimos juntos en una pasarela, “Huichol Galáctico Pop” de Sergio Alcalá, ¿Neta? “Huichol Galáctico Pop” bueno, yo sólo intentaba saber qué estaba pasando, pero realmente no entendía; me sudaban las manos, me intrigaba ver a la gente moviendo la cabeza como en el tenis, — aunque nunca he ido al tenis — y para poder sacar conclusiones optaba por ver a los que según yo, sabían más; hasta ese momento todo era una idealización primeriza y aunque era Sergio Alcalá, todo estaba bien, fotos, modelos, música, prendas, olores, todo.
Justo ahí me di cuenta de que aunque no te conocía, ni entendía muy bien y tú no tenías idea de quién era, yo quería estar contigo.
Siempre me he considerado un tipo con suerte y gracias a ti, mi vida y mi carrera cambiaron y de pronto sin pensarlo estábamos viviendo juntos, — en mi cabeza te robé a caballo como en los viejos tiempos — estaba convencido de que nunca estuvimos tan lejos y que podríamos funcionar como complemento perfecto.
Me gustaba presumirte, hablar con la gente de ti, de cómo yo y lo poco o mucho que sabía podían volverte alguien mejor, quería que ambos creciéramos, que tuviéramos hijos y que Mercedes Benz nos regalara una camioneta, me importabas tanto que dediqué meses enteros a especializarme en un futuro juntos, fui al gimnasio un par de veces y me puse a dieta casi por dos semanas seguidas, todo por que quería explicarle a la gente lo increíble que eras. Para ese punto y sin darme cuenta estaba enamorado de ti.
Cambié de ciudad pensando en que aquí en Guadalajara Capital de la Moda todo sería mejor, estaba más ilusionado contigo que nunca, dejé a mi familia y amigos pensando que en esta nueva ciudad tendríamos muchas cosas por hacer. El espacio y la gente parecían quedarnos muy bien, parecía que aquí sí nos tomarían en serio. No lo voy a negar, ha sido en Guadalajara en donde he pasado los mejores días contigo, pero también los peores.
Fui a Nueva York esperando conocer el resto de ti, sin duda uno de los viajes de mi vida; aprendí muchísimo, pude verte con otros ojos, no se trataba de juzgarte o compararte, sino de entenderte. Quería que aprendieras mucho y te sintieras orgullosa de lo que eras. Mi corazón seguía contigo, aunque honestamente una de tus primas en Soho me gustó mucho y nos dimos unos besos sin pensarlo; ya sabes, cosas que los hombres hacemos, estábamos borrachos, no cuenta, para mí seguías siendo la persona, cosa o lo que seas más importante de mi vida.
Sí, lo sé, perdí la cabeza, estabas en todos lados, en la calle, en la televisión, en mis pláticas, en mis libros, en otras mujeres que me interesaban, en mis amigos, en todos mis bookmarks de internet, en mis revistas, en mi trabajo y quizá fue ahí donde empezaron los problemas, no por nada dicen que uno no debe de juntar los negocios con el placer y yo lo hice.
Gracias a esto — el trabajo — pude estar en un lugar que disfruto mucho, uno en el que podía hablar de ti y además me pagaban, muy poco pero bueno, eso no es tu culpa, es culpa del PRI. Ahí entendí que en tu caso, el dinero no tiene nada ver con el talento, pero también que por más ganas que se tengan, si no hay talento no hay nada, que no solo se trata de ser raro y exagerar, colgarse cosas en el cuerpo y «desfilar» — como Sergio Alcalá — se trata de ser diferente de verdad, se trata de pensarte, de leerte, y de reflexionar el ¿Cómo? y el ¿Por qué? eres tan importante para tanta gente, se trataba de darse cuenta de cómo eras capaz de mover al mundo y a mi corazón.
Honestamente, no se qué pasó, no quiero culparte de todo, una relación es de dos — en la mayoría de los casos — y yo no soy perfecto, pero estoy seguro de que esta vez no fueron mis celos, ni mi inmadurez lo que echó todo a perder, me niego a pensar que todo se acabó, pero ya lo dijo José José en una de sus mejores canciones, «porque nada es para siempre y hasta la belleza cansa, ¡el amor acaba!», así que, o soy un cobarde y no te lo puedo decir o tu belleza me cansó.
Voy a optar por la segunda — porque llevo meses sin salir con nadie y eso más que cobarde, me hace un perdedor y no quiero dejarte esa impresión de mí — me cansé de todo, me cansé de los que sólo te ven como un mal negocio, me cansé de la gente «importante» de la ciudad que sólo quiere ir a tus fiestas, me cansé de los empresarios de la moda que no le pagan a sus proveedores y que piden “copiar” los diseños de otras partes del mundo a sus diseñadores in house, me cansé de los bloggers con 3 meses de vida que solo quieren el registro para entrar a una plataforma que apoya a la «escena local» pero que no le paga a sus fotógrafos y/o usa una imagen de campaña comprada en un banco de imágenes por 3 dólares. Me cansé de las relaciones públicas, me cansé de las invitaciones y boletos de avión pagados para que la gente hable bien de ti sin merecerlo de verdad.
Me cansé de los directivos de escuelas que no soportan las críticas, porque son vistas como un algo innecesario y muy posiblemente como un detonador de “bajas” escolares y si eso pasa, ¿Quién paga? ¿Dónde esta el negocio? ¿Cómo pueden ir ellos a Nueva York y besarse con tus primas si no es de esta forma? Me cansé de directivos de escuela sin visión, preocupados por como quitarle a todos, al alumno, al maestro, a los administrativos, ¿Para qué? para comprar camionetas de la Mercedes Benz. Me cansé de directivos de escuelas que no hablan de diseño, porque no tienen ni puta idea — perdón mamá — de lo que significa la palabra en realidad, pero me cansé también de tus alumnos, esos que dicen estar muy enamorados de ti, que les apasiona todo — menos coser — que sueñan con ser Lagerfeld, Ford o Gaultier pero no tienen idea de quiénes son Giovanni Estrada o Francisco Saldaña y a quienes seguramente les dio hueva googlear Sergio Alcalá un par de minutos atrás, me cansé de sus disfraces.
Me cansé de que nunca nadie tenga presupuesto, de que todo sea intercambiable y de que lo poco que genera flujo de efectivo, esté mal hecho o sea una copia, la calidad nunca va a cambiar si nadie invierte, pero, ¿Cómo inviertes si nadie compra? y para qué comprar si siempre hay algo más barato y mejor en Zara o HM y de pronto esta fórmula se repite al infinito.
No sé si estoy exagerando, pero creo que alguien tiene que tomar una decisión y al parecer tendré qué ser yo porque — como siempre — tú nunca hablas, y voy a citar a «Anna Fusoni» porque se me da la gana:
”La moda padece del fenómeno avestruz: cree que con esconder la cabeza se resuelven todos los problemas. Hay que enfrentar, aceptar y corregir.”
Y eso voy a hacer, aceptar que esto no va bien, no quiero que nos lastimemos más y tampoco me niego a que de vez en cuando podamos tener algo de sexo ocasional con alguna de las colecciones de Malafacha o Trista, — incluso con una de Stres — pero por ahora creo que debemos darnos un tiempo, no te quiero ofender pero creo que te está bajando indefinidamente y yo así no puedo.
Tal vez podamos ser amigos, pero eso no significa que podamos salir solos a ningún lado, sé que no parece pero estoy muy enojado con esto, me parece injusto cómo te has comportado conmigo estos últimos años y de Elle México Diseña no quiero ni hablar, desde que sales en un «reality» perdí toda la esperanza de recuperarte.
En fin, te voy a borrar de Facebook y dejar de seguir en Twitter, pero voy a dejar tu número sólo para “emergencias” uno nunca sabe cuando cosas como «Lobo con piel de oveja» me pueden regresar las ganas de aventarte a mi cama y hacerte el amor.
De verdad, espero que me entiendas, seas feliz, pero sobre todo, madurez.

Con cariño, Javier.

PD: Ven por tus cosas a mi casa cuando quieras, ya están en una caja.



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